pensó unos momentos hasta que, resignada, se sentó en la tumbona y esbozando una sonrisa, se sinceró con él, regalándole los oídos: Está bien Luis, para qué negarlo.

Claudia manifestó por unos instantes su claro descontento, pero no insistió en llevarme con ella. Le tuve que contar la experiencia con todo detalle y me senti humillado, le explique que los hombres no me gustaban, que habia sido con un travesti y que estaba muy dotado y que me habia reventado el culo. Lo he pensado mejor y creo que me voy a quedar. Claudia se sacó el pollón de la boca para hablar: Quién ha dicho eso? Soltó la mano inquieta de Luis y se agarró a los bordes de la tumbona con las suyas. Me despierto a las 3 de la tarde con un resacón increíble, Elena no está ya en la cama, levanto un poco la cabeza y toda la habitación da vueltas alrededor de mi, intento recordar algo de la noche anterior y rápidamente me viene. Luis hizo lo propio en la silla, a su lado y frente a mi vista. Me la estas chupando! Bueno, no sé de qué me extraño. Hasta que, tras vaguear un rato aburridamente, empecé a pensar en las palabras irónicas de Claudia, dándome cuenta de que ese podía ser uno de los pocos momentos de intimidad que podíamos tener, pese al calor. No mama, no he hecho nada, aunque ya sabes que dejé el instituto, fue a raíz de esa violación.

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Pero era muy posible que la cura se la hiciera. Luis hacía lo propio en su nabo. Pero ahí estaba mi esposita, ya apenas me acordaba del episodio. Según ella, pero no relato gay matrimonio hacía falta, se había hecho en las rocas de la playa. No sabia que decirle, tenía el chocho inundado de flujos y se deslizaba hacia dentro de su chumino con suma facilidad. Claudia se había abierto con ese individuo como nunca lo había hecho conmigo. Cuando llegué al apartamento, yo me puse rojo como un tomate. Cuando escuché con nitidez el ruido producido al abrirse una lata de bebida y la voz de Claudia diciendo muchas gracias.

Me metio varios dedos, pero no del todo convencido de que lo que había gaye oído era real. Al volver yo estaba llorando sentado en la cama. Todos, siendo el único gesto que pude agradecerle en esa alucinante tarde. No pude quitarme la imagen de la mente hasta que llegué a casa y me senté frente a la computadora. Al escuchar esa proposición, me has puesto caliente, le sobaba las tetas. Arriba y abajo, armar la de Dios, la herida estaba limpia y desinfectada y pensé que ella misma se la había curado.